Soñé que estaba viendo a unos jóvenes, de entre 27 a 30 años, que saltaban sobre una poza de agua en un río. El agua estaba muy turbia y casi no se podía ver nada. Cerca, en el agua, había una piedra muy grande que sobresalía del río. Uno de los tres jóvenes decidió saltar y sumergirse cerca de esa piedra, y así lo hizo. Al instante salió del agua y dijo: “Me agarró, pero un poco”, refiriéndose a una especie de toque eléctrico. Al parecer, había algo abajo que tenía electricidad.
Este joven volvió a sumergirse con la intención de recibir otra descarga eléctrica de lo que sea que estuviera allá abajo. Solo vi que volvió a meterse, pero no salía. Ya había pasado más de un minuto bajo el agua. Les dije a los otros dos jóvenes: “Ya se tardó mucho bajo el agua”. Ellos respondieron: “De alguna forma tiene que salir”, refiriéndose a que saldría vivo o muerto, pero saldría.
Pasaron como cinco minutos y, por fin, el joven salió a flote, pero su cara estaba pálida y su cuerpo inerte. Yo de inmediato pensé que estaba muerto, y dije: “Ya salió”. Otro de los jóvenes me dijo: “Faltan dos veces más que se sumerja”, y cuando dijo eso, el cuerpo del muchacho volvió a hundirse. Salió como dos segundos después, pero de nuevo volvió a hundirse. Cuando salió por última vez, les dije a sus compañeros que lo sacaran del agua.
Cuando el joven salió, se puso de pie y me miró de forma violenta, como con odio. Aunque estaba pálido, reconocí la mirada y le grité con voz fuerte:
—¡En el nombre de Jesucristo, sal de ese joven!
Al instante, el espíritu malo salió de él, pero se materializó. Su forma era como la de un hombre con sombrero de vaquero, chaqueta de cuero y pantalón de cuero. Tanto su piel como su vestimenta eran de color verde oscuro. Cuando lo vi, intentó lanzarse contra mí, pero del lado derecho apareció un predicador, quien alzó la voz con fuerza y dijo:
—¡Nadie puede tocar al siervo de Dios!
Refiriéndose a mí.
En cuanto el predicador dijo eso, el espíritu se detuvo de inmediato. En ese momento, entendí claramente que ni ser espiritual ni material podía tocarme. El predicador estaba vestido de traje azul, con camisa blanca por dentro.
Después de eso, parece que desperté… aunque no estoy muy seguro. No sé si en verdad desperté o si todo sucedió dormido. Pero al terminar todo, recordé el anillo de Salomón.

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