sábado, 7 de junio de 2025

La masturbación en la vida cristiana: Una mirada honesta, bíblica y pastoral.

 Introducción

La sexualidad humana ha sido históricamente un tema rodeado de silencio, culpa y temor dentro de muchos círculos cristianos. Uno de los aspectos más debatidos, pero menos comprendidos, es la masturbación. ¿Es pecado? ¿Cómo la trata la Biblia? ¿Qué papel juega en la vida de un creyente que desea agradar a Dios y vivir en santidad? Este artículo no busca justificar el libertinaje ni negar la necesidad de pureza, sino ofrecer una perspectiva pastoral, bíblica y profundamente humana sobre este tema que toca la vida de hombres y mujeres por igual.


El objetivo es guiar, no condenar; acompañar, no acusar; liberar, no esclavizar. Aquí exploraremos cómo la masturbación puede entenderse desde una óptica bíblica, sin caer en extremos ni legalismos, y cómo puede ser parte de una vida de autocontrol, no de pecado.


1. El cuerpo humano no es enemigo del espíritu

Uno de los errores más comunes en la enseñanza cristiana es la suposición de que el cuerpo es un estorbo para la vida espiritual. Esto no es bíblico. El apóstol Pablo afirma en 1 Tesalonicenses 5:23:

"Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo."

Dios creó el cuerpo humano con deseos naturales y legítimos. Entre ellos está el deseo sexual. Este no es resultado del pecado original, sino parte del diseño original de Dios. La caída distorsionó su propósito, pero no anuló su origen sagrado.

La idea de que el deseo sexual desaparece por tener una vida espiritual profunda es insostenible. Incluso aquellos bautizados con el Espíritu Santo, como muchos líderes, pastores y jóvenes comprometidos, han confirmado que siguen teniendo impulsos naturales. La santidad no es la negación de lo humano, sino su redención.


2. Masturbación: ¿es pecado? ¿Qué dice la Biblia?

La Biblia nunca menciona explícitamente la masturbación como un pecado. El texto más cercano que algunos utilizan es el caso de Onán en Génesis 38:9-10:

"Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya, sucedía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, por no dar descendencia a su hermano. Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y a él también lo mató."

Sin embargo, el pecado de Onán no fue masturbarse, sino desobedecer la ley del levirato, que mandaba dar descendencia al hermano fallecido. Interpretar este texto como una condenación de la masturbación es forzar el pasaje más allá de su contexto.

Otro texto frecuentemente citado es Mateo 5:28:

"Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla ya adulteró con ella en su corazón."

Además, este texto se refiere a un hombre casado, pues dice que adulteró con ella en su corazón, y solo los casados cometen adulterio.

Aquí el problema es el deseo mal canalizado, la codicia, la lujuria. No es el acto físico en sí, sino el uso que se le da en la mente y el corazón. Esto nos lleva a entender que el pecado no está en el acto automático, sino en la intención y el contenido del corazón.

Un ejemplo bíblico claro de cómo una mala decisión frente al deseo sexual puede llevar a pecados mayores es el caso del rey David. Al ver a Betsabé, no buscó apagar su deseo sexual con alguna de sus esposas o concubinas, sino que actuó como si no tuviera otra opción. Tomó a la mujer de su prójimo, lo cual fue su gran error. Por eso el profeta Natán le contó una parábola que lo hizo ver su falta: teniendo los medios para canalizar su deseo, cometió adulterio, y esto lo llevó a otros pecados aún más graves como la violación y el asesinato de Urías heteo. Este relato bíblico nos muestra que no reconocer o no usar los medios lícitos para controlar el deseo puede tener consecuencias devastadoras.


3. Una herramienta para el autocontrol, no para el libertinaje

Muchos jóvenes cristianos viven en una batalla diaria entre sus deseos sexuales y su deseo de agradar a Dios. Algunos líderes enseñan que la única solución es el matrimonio, pero ¿qué hay de los adolescentes, de los solteros, de los viudos o divorciados que no tienen esa opción inmediata? ¿Deben vivir en una represión total?

Un ex pastor de jóvenes comparte esta perspectiva basada en experiencia y discernimiento espiritual:

"El problema no era la masturbación, sino la culpa. Muchos jóvenes se sentían sucios, indignos, y terminaban alejándose de la iglesia, dejando de orar, y pensando que Dios los rechazaba."

La solución no está en imponer condenación, sino en enseñar con madurez. Para muchos, la masturbación puede ser una salida válida para controlar la ansiedad sexual y evitar caer en fornicación, pornografía, o incluso pensamientos obsesivos.

Comparado con el hambre o la sed, el deseo sexual es una necesidad natural del cuerpo. Reprimirlo sin una salida saludable puede provocar distracción constante, frustración, e incluso pecado más grave. En este sentido, la masturbación puede ser, como dijo el mismo pastor:

"una estrategia que Dios nos da para mantenernos enfocados y no ser esclavos del deseo."

El apóstol Pablo también ofrece una enseñanza que refuerza este enfoque. En 1 Corintios 7:5, aconseja a los matrimonios que, si se abstienen de tener relaciones sexuales para buscar a Dios, lo hagan solo por un tiempo breve, y luego vuelvan a unirse:

“No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.”

Aquí Pablo ve las relaciones sexuales como un arma legítima para protegerse de la tentación. En el caso de los solteros, que no tienen acceso al recurso del acto conyugal, sería incoherente no ofrecer una herramienta equivalente para canalizar su deseo de forma responsable. Negar la masturbación a los solteros sería como enviarlos a la batalla sin armas, ignorando su vulnerabilidad ante la fornicación. Por tanto, vista con madurez y dominio propio, la masturbación también puede funcionar como una defensa personal contra las tentaciones, en lugar de un tropiezo


4. La culpa falsa y el daño espiritual

El apóstol Pablo escribió en Romanos 14:22-23:

"¿Tienes fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba. Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado."

Este principio aplica perfectamente. Si una persona cree, con sinceridad y paz en su conciencia, que la masturbación sin lujuria le ayuda a mantener el equilibrio y no lo aleja de Dios, no debe ser condenado. Por otro lado, si alguien no se siente en paz al hacerlo, no debe forzarse. La fe, no el miedo, debe guiar nuestra conducta.

Imponer una regla única sobre un tema que la Biblia no aborda directamente puede llevar a un daño espiritual mayor: culpabilidad, aislamiento, hipocresía, o doble vida.


5. ¿Cómo enseñar esto sin abrir puertas al libertinaje?

El equilibrio está en la madurez. El objetivo no es promover la masturbación, sino entenderla en su contexto correcto. No todos necesitan usarla como herramienta de control, pero para quienes luchan con pensamientos sexuales constantes, puede ser parte de una estrategia saludable.

Se deben establecer principios claros:

  • No usar la masturbación como excusa para alimentar la lujuria.

  • No depender de ella como adicción.

  • No permitir que sustituya relaciones sanas o el crecimiento espiritual.

  • No permitir que te robe tiempo, energía o enfoque.

Pablo enseñó en 1 Corintios 6:12:

"Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no me dejaré dominar de ninguna."

Este es el principio que debe regir también aquí.


6. Conclusión: sexualidad redimida, no reprimida

La sexualidad no es enemiga de la santidad. Cuando es guiada por el Espíritu y no por la carne, se convierte en parte del diseño glorioso de Dios para el ser humano. La masturbación, dentro de ciertos límites y con una conciencia limpia delante de Dios, puede ser una herramienta útil para mantener el equilibrio emocional, mental y espiritual.

El objetivo final no es masturbarse o no masturbarse. El objetivo es amar a Dios con todo el corazón, alma, mente y fuerzas, y eso incluye reconocer nuestras limitaciones humanas y saber cómo manejarlas con sabiduría.

En vez de condenar, enseñemos. En vez de imponer miedo, guiemos con verdad. En vez de legalismo, practiquemos la libertad responsable. Así, más jóvenes —y adultos— podrán caminar en la luz, sin esconderse de Dios, sabiendo que Él entiende nuestra humanidad porque Él mismo se hizo hombre.

"Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado." — Hebreos 4:15


Autor: Félix Guerra Velásquez.

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