jueves, 30 de octubre de 2025

✨ “Los ojos del Creador” ✨


Un día, viendo una película sobre un pintor y su musa, comprendí algo que tocó mi corazón.
En la historia, el artista retrataba a la mujer que amaba. Mientras la observaba, su amor crecía con cada trazo del pincel.
Cuando él murió, lo único que quedó fue la pintura… pero en ella permanecía viva su mirada, su sentir, su amor.
Quien miraba aquel cuadro podía ver, sin saberlo, a través de los ojos del pintor.

Entonces pensé: así es con Dios.


El mundo entero es su lienzo, y nosotros, sus criaturas, somos parte de su gran obra.
Cada flor, cada amanecer, cada rostro, cada cielo estrellado fue pintado por Él con amor infinito.
Cuando contemplamos la creación y sentimos paz o admiración, en realidad estamos viendo con los ojos del Artista divino.

Dios no solo pintó la belleza, Él es la Belleza.
En cada pétalo, en cada ola del mar, en el canto de un ave, hay un reflejo de su pensamiento y de su corazón.
Y al igual que aquella mujer veía en la pintura la mirada de su amado, nosotros también podemos ver en la creación la mirada de nuestro Creador.

Pero hay algo aún más profundo:
cuando vemos a otra persona, debemos recordar que estamos viendo lo que Dios ve.
Él nos hizo a su imagen y semejanza, y cada rostro humano es un espejo donde Dios contempla una parte de sí mismo.
Por eso, al mirar a los demás, también estamos mirando una chispa de lo divino.
Es como si Dios se viera a sí mismo a través de nosotros, y nosotros pudiéramos ver a Dios en los ojos de los demás.

Cuando el alma se detiene a contemplar, el Espíritu nos permite ver más allá de lo visible.
No miramos solo un paisaje, sino la huella de Aquel que dijo: “Sea la luz”, y la luz fue.
No observamos solo una flor, sino el suspiro de Dios hecho color.
No vemos solo rostros, sino destellos de su amor eterno.

Así, cada cosa hermosa en la tierra es una invitación a mirar el mundo con los ojos del Creador.
Y cuando aprendemos a hacerlo, ya nada es común:
el aire se vuelve ternura,
la vida se vuelve arte,
y nuestro corazón, un lienzo donde Dios sigue pintando cada día.

Autor:  Félix Guerra Velásquez

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