domingo, 24 de agosto de 2025

Ahora eres otra persona.

 


Cuando una persona nace, trae consigo una personalidad. Lo podemos ver en los bebés: algunos parecen más receptivos, otros no; algunos se muestran afectuosos y otros menos. Incluso desde pequeños se notan gustos diferentes en la comida, los colores, los tipos de personas y los rostros que prefieren. Parece ser que la personalidad viene definida desde antes de nacer.


Después del nacimiento, el niño o la niña empieza a ser guiado por sus padres, pero no es modificado en esencia. Lo que los niños aprenden es a identificar los peligros y a adquirir conducta moral, ya sea por lo que ven en sus padres o por lo que se les enseña. Sin embargo, eso no altera su verdadera personalidad ni sus gustos más profundos.

Al pasar los primeros años dentro de casa, todo funciona de maravilla. Pero cuando ingresa a la escuela, el niño comienza a percibir la conducta de los demás y la aprobación o desaprobación de la sociedad. Descubre la importancia que los demás dan a ciertas cosas y, entonces, decide modificarse a sí mismo para adaptarse. Ese proceso, con el paso de los años, transforma su personalidad y va quebrantando su espíritu, de manera que al llegar a la adultez ya no conserva la personalidad con la que nació.

Es precisamente por eso que Jesucristo dijo que era necesario nacer de nuevo. Significa regresar a tu yo original, volver a ser como niño, en el sentido de desechar los cambios que hiciste para encajar en la sociedad y darle prioridad a lo que en verdad importa: tu ser interior y espiritual.

Cuando eras niño o adolescente, sin darte cuenta tomaste la decisión de cambiar tu personalidad para ser aceptado por la sociedad. Comenzaste a estimar como valiosas cosas que, en realidad, no lo son.

Ahora es tiempo de retornar a tu verdadera esencia. Comprende que lo que el mundo valora no tiene verdadero peso. Lo importante es la pureza interior, porque tu interior es eterno y debe ser perfeccionado. Cuando naciste, eras perfecto y viniste a crecer aún más en perfección, pero perdiste el rumbo de tu vida. Dios, a través de Jesucristo, quiere mostrarte lo que realmente importa.

Mira el ejemplo de Juan el Bautista. Él vivió en una sociedad donde las personas tenían casas, vestían túnicas de tela y comían pan y pescado, lo que se consideraba normal y moderno en su tiempo. Pero él vivía en una cueva, vestía con piel de camello y su alimento eran langostas y miel silvestre. ¿Por qué? Porque había nacido con el espíritu del profeta Elías, y nunca quiso modificar su esencia para agradar al mundo.

Así también Jesús: jamás cambió su personalidad para encajar en la sociedad de su época. A sus discípulos les enseñó a nacer de nuevo, a no permitir que el mundo los moldeara, sino a ser diferentes y transformar al mundo con el mensaje de Dios. Y lo más hermoso es que, incluso cuando murió en la cruz, a pesar del sufrimiento, nunca dejó de ser Él mismo. Y después de resucitado… sigue siendo el mismo.


Reflexión final
La sociedad intenta moldearnos, presionándonos a ser lo que no somos. Nos exige renunciar a nuestra verdadera esencia para obtener aprobación. Pero Dios te recuerda que tu identidad no está en lo que el mundo piensa de ti, sino en lo que Él diseñó desde antes de tu nacimiento. Jesús no vino a cambiarte para que encajes en los hombres, sino para devolverte tu verdadera identidad en Dios.

Hoy es tiempo de volver a ser tú mismo, el tú que nació puro, lleno de propósito y con un espíritu diseñado para la eternidad. No temas ser diferente, porque los que permanecen fieles a lo que Dios puso en su interior son los que verdaderamente transforman el mundo.

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