miércoles, 26 de noviembre de 2025

La mirada de Dios

 

A todos nos cuesta imaginar cómo mira Dios, porque nosotros vemos todo desde abajo, desde lo pequeño, desde lo limitado. Vemos la vida desde la altura de nuestros ojos, y a veces hasta desde el suelo, cuando estamos desanimados, confundidos o preocupados. Por eso, cuando tratamos de imaginar cómo ve Dios, nuestra mente se queda corta, porque intentamos pensar en grande… pero desde lo chiquito.

Yo imagino a Dios en lo alto, pero no en lo alto como quien está lejos, sino en lo alto de su sabiduría, de su entendimiento y de su amor. Él no está lejos: está por encima porque sabe más, entiende más y ama más.

Piensa en esto:
Cuando uno hace un rompecabezas, si ve solo una pieza, no entiende nada. Pero si ve la caja del rompecabezas, con la imagen completa, entonces todo tiene sentido.
Nosotros vemos piezas.
Dios ve la caja completa.

Dios creó todo, y cuando creó las cosas, no las creó fuera de Él, como algo separado, sino dentro de su propio conocimiento y propósito. Por eso Él está en todas partes. Nada está fuera de sus manos.

Dios lo sabe todo:
• lo que pasó,
• lo que pasa,
• lo que pasará.
Y además conoce lo que pensamos, lo que sentimos, lo que planeamos, lo que escondemos y hasta aquello que ni nosotros mismos entendemos de nuestro interior. A Él no se le escapa nada.

Pero, aunque Él lo sabe todo, no anda metiéndose en cada detalle para llamar la atención. Dios no hace las cosas para que lo aplaudan, para tener seguidores o para que lo idolatren como los humanos buscan fama.
Él simplemente es.
No necesita cambiar porque ya es perfecto.
No necesita agradar a nadie porque nadie puede darle nada a Él.

Cuando Dios dice que nos ama, no lo dice para sonar bonito o quedar bien. Lo dice porque es verdad. Su palabra no cambia. Lo que Él promete es firme aunque todavía no lo veamos cumplirse. Cuando Dios habla, puedes considerarlo un hecho.

Ahora piensa en su amor hacia nosotros.
Su amor es como un plato de comida listo en la mesa.
Ahí está, servido.
Pero cada uno decide si comerlo o no.
Dios no te obliga; solo ofrece.

Y aunque Él ve nuestros pensamientos buenos y malos, su amor no cambia. Él no pone distancia porque te equivocaste ni se acerca más porque hiciste algo bueno. Su amor no depende de ti; depende de quién es Él. Y Él no cambia.

Ve lo bueno que pasa en el mundo y ve lo malo también. Pero su amor no se mueve. No se asusta, no se debilita, no duda. Nadie lo amenaza, nadie lo hace tambalear. Él no le rinde cuentas a nadie. Y aun así, con todo ese poder, es perfecto en amor.

Dios ve todo desde arriba.
Y desde esa altura, lo que para nosotros parece caótico, para Él está ordenado.
Lo que para nosotros es tragedia, Él puede usarlo para enseñarnos algo.
Lo que para nosotros es injusto, Él lo ve dentro de un plan más grande donde finalmente todo se acomoda.

Cuando alguien decide aceptar su amor, se llena de Dios.
Cuando alguien lo rechaza, se llena de lo contrario.
Por eso no es justo decir que Dios es el autor de lo malo. Lo malo nace cuando el ser humano se aleja de su amor, no cuando Dios hace algo.

Para que lo entiendas mejor, imagina esto:

• El sol da luz y calor.
• Si alguien decide ponerse bajo sombra, el sol no tiene la culpa de que tenga frío.
• El sol sigue siendo sol, dando luz.
• El problema no es el sol; es la posición de la persona.

Así pasa con Dios.

Y desde esa altura donde solo Él puede ver, observa nuestra vida completa:
• ve el camino antes de que lo caminemos,
• ve el fruto antes de que plantemos la semilla,
• ve la salida cuando nosotros aún creemos estar atrapados,
• ve la sanidad cuando nosotros solo vemos dolor.

Nosotros vemos el momento; Él ve toda la historia.
Nosotros vemos lágrimas; Él ve la fuerza que crecerá después.
Nosotros vemos caída; Él ve levantamiento.

Su mirada no es fría ni lejana.
Es la mirada de un Padre que entiende todo, que no se confunde, que no se desespera, que no abandona.
Desde lo alto, Él inclina su mirada hacia nosotros para guiarnos, levantarnos y enseñarnos lo que solos nunca podríamos entender.

Por eso confiar en la mirada de Dios es descansar en la única perspectiva perfecta que existe. Él ve desde arriba lo que nosotros no podemos ver desde abajo. Y cuando entiendes eso, empiezas a vivir con paz, porque sabes que, aunque no entiendas todo, estás en manos de Aquel que lo entiende todo.

domingo, 16 de noviembre de 2025

Dos malditos reinos.

 

¿Recuerdas cómo en la Biblia existe un relato de un demonio que se autodenominó Legión?
Este ser dijo que se llamaba Legión porque estaba conformado por muchos demonios, entre 5,000 y 6,000; esa era la medida romana para una legión. Pero en el relato bíblico, un solo espíritu estaba conformado por esos 5,000 a 6,000 demonios.

Sé que a algunas personas les cuesta entender este asunto, pero es muy sencillo: el mundo espiritual es así. Si 5,000 a 6,000 seres espirituales se unen, pueden formar un espíritu más fuerte. Así de fácil, así de sencillo.


Pero bueno, no es esto lo que quiero enseñarte hoy. Lo que quiero enseñarte es que, en el tiempo de la gran tribulación que está a punto de iniciar, dos espíritus se unirán y serán uno solo. Estos dos espíritus impulsaron dos reinos en el pasado. El primero impulsó el reino de Antíoco Epífanes, que en el tiempo de los macabeos trató de destruir por completo el culto al Dios todopoderoso, matando a todos los israelitas que se negaban a renunciar a su fe y a la obediencia a la ley. Para ver de qué se trata y cómo fue su manifestación, debes leer los libros de los Macabeos en la Biblia católica.

El otro espíritu es el del Tercer Reich. Este Tercer Reich fue el régimen nazi que gobernó Alemania de 1933 a 1945 bajo el liderazgo de Adolf Hitler. Este período se caracterizó por su ideología totalitaria, racista y ultranacionalista, y es conocido principalmente por su papel en la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto judío; en otras palabras, el odio antisemita.

Estos dos espíritus se unirán y resurgirán como uno solo en la gran tribulación. Así que todos debemos estar preparados para dar la vida por nuestra fe en Jesucristo. Recuerda que el Señor Dios todopoderoso jamás dejará solo a su pueblo; el Espíritu Santo estará siempre con nosotros y en nosotros. Por lo tanto, es necesario enfrentar con fe el martirio que viene, con valor, esperando con ansias la vida eterna que Dios nos ha preparado junto a Él.

sábado, 15 de noviembre de 2025

Un mal necesario y el alto costo de la libertad

 


Después de que todo fue creado por Dios, el hombre espiritual —formado del polvo de la tierra— fue puesto en el huerto de Edén para que lo cuidara y lo labrara.
Aunque el relato bíblico sitúa al Edén en un lugar físico, debemos entender que era un lugar espiritual, pero no en el sentido en que hoy concebimos “lo espiritual”. Más bien, era un espacio que mediaba entre lo físico y lo espiritual, tal como Adán, un ser espiritual hecho de materia física. Por eso el lugar también contenía árboles espirituales, como el árbol de la ciencia del bien y del mal y el árbol de la vida.

Como ya sabemos, el hombre tomó del árbol del cual Dios le había ordenado no comer, advirtiéndole que, si lo hacía, moriría, e incluso que le era mejor no tocarlo.


Ahora bien, Dios, como creador, sabía exactamente lo que hacía al poner a Adán en el huerto de Edén. El problema surge cuando nosotros, los que ahora leemos el relato bíblico, nos hacemos numerosas preguntas, por ejemplo:
¿Si Dios sabía que el hombre comería del árbol de la ciencia del bien y del mal, por qué dejó ese árbol allí?
¿Por qué Dios no eliminó a la serpiente para que no engañara a Eva?

Estas preguntas nacen del desacuerdo que tenemos con la condición humana actual, y es comprensible: ninguno de nosotros desea estar en esta situación. Sin embargo, las razones de Dios al permitir todo esto son asombrosas, y descubriremos que todo lo que Dios ha permitido es por amor. Al final de este mensaje veremos que era necesario.

El hombre fue creado con inteligencia y sabiduría, pero no con experiencia. Aunque esto era bueno, también implicaba un problema, porque la experiencia vivida establece las bases de la sabiduría profunda, una sabiduría elevada y difícil de comprender. Por eso la experiencia es necesaria.

Recordemos que los tres elementos necesarios para que esta situación ocurriera como ocurrió estaban en el huerto de Edén. Estos elementos son: el árbol de la ciencia del bien y del mal, el hombre Adán y la serpiente. Al ver las cosas desde esta perspectiva, comprendemos que nada fue casualidad. Cada uno cumplió lo que le correspondía, pero también debía hacerlo por voluntad propia, pues Dios no obliga a nadie ni a hacer el bien ni a hacer el mal.

Para comprender por qué fue necesario que las cosas sucedieran así, usemos un ejemplo. Te presento un razonamiento acerca de la paz y de la persona pacífica. Sabemos, por las consecuencias que podemos observar, que la paz es buena y que la guerra no lo es.
Imaginemos dos hombres:
Uno mide dos metros, es de complexión fuerte, está bien armado y sabe usar las armas; en pocas palabras, tiene la capacidad de defenderse utilizando la violencia. El otro mide un metro sesenta, es delgado y débil, no tiene armas, no sabe usarlas y no puede recurrir a la violencia para defenderse. Ambos, por separado, son provocados a pelear, pero ninguno recurre a la violencia.
¿Quién de los dos es pacífico por elección y quién lo es por necesidad?
El primero es pacífico por elección, pues posee todo lo necesario para hacer daño, pero decide no hacerlo. El segundo no tiene elección; debe ser pacífico porque no tiene otra alternativa y sabe que sería vencido.

Sabemos que Dios nos ha elegido para algo grande y para poseer poder, quizá incluso más que otras criaturas celestiales. Pero también debemos ser capaces de elegir la paz bajo cualquier circunstancia y saber usar la violencia sólo cuando sea extremadamente necesaria.

Para entender mejor este asunto, pongamos otro ejemplo:
Todos sabemos que en el cielo hubo una batalla. El Diablo y sus ángeles se rebelaron contra Dios, entonces el arcángel Miguel y sus ángeles combatieron contra el Diablo, lo vencieron y lo arrojaron a la tierra. Imaginemos la escena: el Diablo se levanta contra Dios, pero Miguel y sus ángeles saben discernir qué hacer en esa situación. Los ángeles son buenos, no disfrutan de la violencia, pero resulta necesario usarla porque la situación lo exige.

Otro ejemplo es el castigo de los ángeles que pecaron con las hijas de los hombres. La Biblia dice que Dios los encerró en prisiones de oscuridad. Ese lugar no es algo bueno; por el contrario, es algo malo. Hacer sufrir a alguien de ese modo es un mal, pero es un mal necesario, porque si no se hiciera, los demás ángeles pensarían que pueden cometer los mismos males y quedar impunes. Todo sería un caos, y la maldad no tendría límites.
Lo mismo sucede con el infierno: es un mal necesario que incomoda a muchos, pero es la única forma de mostrar que la maldad tiene castigo.

Regresando al tema, algo que se puso en práctica en el huerto de Edén fue la facultad de decidir, facultad de la cual Adán aún no había hecho pleno uso. Digo pleno porque, si bien decidió no comer del árbol por algún tiempo, también decidió comer de él. Así llegó al uso completo de su capacidad de decisión, dejando claro que, aunque Dios aconseja qué hacer o qué no hacer para nuestro bien, al final quien decide eres tú.

Ahora comprendemos que el ser humano posee un conocimiento profundo del bien y del mal por experiencia. Pero esa adquisición tuvo un costo, porque se hizo el mal para poder aprender, y la consecuencia del mal es un castigo eterno. Para que la humanidad conservara ese conocimiento sin sufrir la condena correspondiente, Dios planeó pagar Él mismo el precio de la maldad utilizada para obtener ese conocimiento, destruyendo así el argumento de la serpiente de que Dios no quería que el hombre fuese como Él, conociendo el bien y el mal.

El costo fue grande, pero Dios lo hizo por amor a nosotros. Tanto así que cargó sobre sí el castigo que nuestras acciones merecían. Sin esto, no habríamos alcanzado la altura del conocimiento que Él desea para nosotros.

Autor:  Félix Guerra Velásquez

jueves, 13 de noviembre de 2025

🌿 Reflexión: Dios cuida el corazón humano

 


Dios, en su infinita sabiduría, permitió la existencia de leyes y autoridades humanas no para oprimir al hombre, sino para protegerlo. En un mundo donde el pecado trajo violencia, venganza y caos, el Señor levantó estructuras que impidieran que el mal se multiplicara sin control.

No fue un castigo, sino una muestra de misericordia. Porque si cada uno tomara la justicia por su cuenta, los hombres buenos se verían forzados a manchar sus manos con sangre, y sus corazones, creados para amar y perdonar, se llenarían de amargura y odio.


Por eso, Dios estableció autoridades que cargan con esa responsabilidad, para que el justo pueda conservar la pureza de su alma y la paz de su conciencia. A través de estas leyes, el Señor dice: “Déjame cuidar tu corazón. No tomes el peso de la venganza ni el juicio en tus manos, porque ese peso destruye la paz que quiero que habite en ti.”

Aceptar esta ayuda divina es un acto de humildad. Significa reconocer que Dios sabe cómo cuidar de nosotros mejor de lo que nosotros mismos podríamos hacerlo. Él quiere que nuestros corazones permanezcan limpios, libres de resentimiento, llenos de amor incluso en medio de la injusticia.

Así, mientras el mundo impone castigos y dicta sentencias, Dios trabaja en lo más profundo del alma, protegiendo lo que realmente importa: el corazón del ser humano.

martes, 11 de noviembre de 2025

Las historias de las guerras las escriben los vencedores.


Esto es solo un dicho que se volvió popular y no tiene nada de verdad. Lo que sí es cierto es que tanto vencedores como derrotados tienen una perspectiva diferente desde la cual cuentan lo que sucedió, añadiendo u omitiendo lo que consideran necesario.

En todas las guerras a lo largo de la historia humana, el ser humano ha expresado con extremo detalle la maldad que está en su interior, la cual ha gobernado su vida para hacer tanto daño a sus semejantes.

El mal, para manifestarse, necesita un cuerpo; y quienes le han prestado su cuerpo al mal para que haga lo que quiere, tarde o temprano serán llamados a rendir cuentas ante Dios.


Porque no importa de qué lado estuviste según tu perspectiva en una guerra, son tus acciones las que se usarán para juzgarte.

El Juez de toda la creación no puede ser engañado con lágrimas ni mentiras; sin duda dará el pago a los malvados.

Ahora tú, que solo has sido espectador, quiero que entiendas que Dios es paciente, pero no es injusto. Así que, a pesar de que el hombre le ha prestado su cuerpo al mal, también espera que el hombre se arrepienta de ello; pero si no lo hace, será cortado de esta vida y llamado a rendir cuentas ante el Creador. Y allí no habrá escape: si creía o no en Dios, allí no será excusa para no ser juzgado y condenado.

Recuerda lo que dice la Biblia: “No os venguéis vosotros mismos, sino dejad lugar para la ira de Dios”. Como Dios no es carne, sino espíritu, sabe dar el pago a los malvados. Así como ellos no tuvieron misericordia, Dios tampoco la tendrá con ellos.

Así que cuando veas en la tierra una injusticia hecha por los hombres, piensa que el Creador está viendo y presenciando todo. Él mismo es el testigo presencial y el juez a la vez. El caso está perdido para los que piensan que podrán escapar.

Autor: Félix Guerra Velásquez

lunes, 10 de noviembre de 2025

Un Ángel del cielo.

 Lucas 22:43: “Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.”

Este es, sin duda, un texto de la Biblia de gran riqueza espiritual, y para poder comprenderlo tenemos que ponernos en el lugar de Cristo y repetir exactamente todos los sucesos que acontecían en ese preciso momento.

Recordemos que Cristo está en el huerto de los Olivos, justo después de decir: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Lucas 22:42)

El escritor sagrado describe con mucha claridad: “Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.” (Lucas 22:44)


Con todos estos datos podemos saber que la presión psicológica era mucha, pero la mente de Cristo se había centrado o enfocado en el sufrimiento que vendría sobre Él en la cruz. El asunto es que no solo Cristo era consciente de que este sufrimiento iba a ser muy grande, sino que el Padre y todos los seres angelicales lo sabían. Por eso fue necesario enviar a un ángel directamente del cielo. En el relato bíblico no vemos que el ángel le hablara a Cristo, sino que su misión era solo aparecerse de forma visible ante Él.

Cuando Cristo vio al ángel del cielo, no hubo necesidad de palabras. El ángel, con su sola presencia, le recordó a Cristo su reino, su gloria y su poder. Entonces Cristo se fortaleció y pudo enfrentar todo lo que venía.

A veces nos ha tocado sufrir de alguna manera, pero el sufrimiento de Cristo es insuperable. Sin embargo, nosotros no tenemos que pasar solos por ese sufrimiento, porque ahora, gracias a Cristo, tenemos la presencia misma de Dios por medio del Espíritu Santo. De manera que debemos levantar el ánimo y enfrentar los acontecimientos confiados en Dios.

Cristo ahora ya no sufre: ahora reina, y nosotros somos parte de su reino. Recuerda: no nos dejó cuando vino en carne, ni cuando estaba angustiado en el huerto de los Olivos. Ahora que está a la diestra de Dios, con mayor razón no nos va a abandonar. Confiados en la posición que Cristo tiene ahora, caminemos sin miedo y gocémonos en su victoria, la cual, por medio de la fe en Él, ahora está en nosotros.

Y si hoy estás sufriendo, esperando una respuesta o sintiendo que tus fuerzas se acaban, recuerda que así como el Padre envió un ángel a fortalecer a su Hijo, también enviará consuelo y fortaleza a tu vida. Puede que no lo veas con tus ojos, pero su presencia es real. El mismo Dios que sostuvo a Cristo en su momento más oscuro, te sostiene a ti ahora.

No pierdas la fe ni te rindas: el cielo está al tanto de tu situación. Pronto llegará el alivio, la respuesta o la paz que tanto esperas, porque el amor de Dios nunca falla, y su ayuda siempre llega en el momento perfecto.

Autor:  Félix Guerra Velásquez

Mira, estoy parado en la entrada y estoy llamando

 Quiero compartir cómo entiendo y cómo traduzco Apocalipsis 3:20, y por qué lo hago de una manera un poco distinta a la Reina-Valera, sin co...