lunes, 10 de noviembre de 2025

Un Ángel del cielo.

 Lucas 22:43: “Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.”

Este es, sin duda, un texto de la Biblia de gran riqueza espiritual, y para poder comprenderlo tenemos que ponernos en el lugar de Cristo y repetir exactamente todos los sucesos que acontecían en ese preciso momento.

Recordemos que Cristo está en el huerto de los Olivos, justo después de decir: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Lucas 22:42)

El escritor sagrado describe con mucha claridad: “Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.” (Lucas 22:44)


Con todos estos datos podemos saber que la presión psicológica era mucha, pero la mente de Cristo se había centrado o enfocado en el sufrimiento que vendría sobre Él en la cruz. El asunto es que no solo Cristo era consciente de que este sufrimiento iba a ser muy grande, sino que el Padre y todos los seres angelicales lo sabían. Por eso fue necesario enviar a un ángel directamente del cielo. En el relato bíblico no vemos que el ángel le hablara a Cristo, sino que su misión era solo aparecerse de forma visible ante Él.

Cuando Cristo vio al ángel del cielo, no hubo necesidad de palabras. El ángel, con su sola presencia, le recordó a Cristo su reino, su gloria y su poder. Entonces Cristo se fortaleció y pudo enfrentar todo lo que venía.

A veces nos ha tocado sufrir de alguna manera, pero el sufrimiento de Cristo es insuperable. Sin embargo, nosotros no tenemos que pasar solos por ese sufrimiento, porque ahora, gracias a Cristo, tenemos la presencia misma de Dios por medio del Espíritu Santo. De manera que debemos levantar el ánimo y enfrentar los acontecimientos confiados en Dios.

Cristo ahora ya no sufre: ahora reina, y nosotros somos parte de su reino. Recuerda: no nos dejó cuando vino en carne, ni cuando estaba angustiado en el huerto de los Olivos. Ahora que está a la diestra de Dios, con mayor razón no nos va a abandonar. Confiados en la posición que Cristo tiene ahora, caminemos sin miedo y gocémonos en su victoria, la cual, por medio de la fe en Él, ahora está en nosotros.

Y si hoy estás sufriendo, esperando una respuesta o sintiendo que tus fuerzas se acaban, recuerda que así como el Padre envió un ángel a fortalecer a su Hijo, también enviará consuelo y fortaleza a tu vida. Puede que no lo veas con tus ojos, pero su presencia es real. El mismo Dios que sostuvo a Cristo en su momento más oscuro, te sostiene a ti ahora.

No pierdas la fe ni te rindas: el cielo está al tanto de tu situación. Pronto llegará el alivio, la respuesta o la paz que tanto esperas, porque el amor de Dios nunca falla, y su ayuda siempre llega en el momento perfecto.

Autor:  Félix Guerra Velásquez

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