domingo, 28 de diciembre de 2025

Por qué ya no se habla de salvación en las iglesias.

 


1. La salvación no es “rentable”

Hablar de salvación bíblica implica:

arrepentimiento,

cambio de vida,

negación del ego,

responsabilidad personal,

transformación interior.




Eso no atrae multitudes ni mantiene cómodas a las personas. En cambio, otros mensajes sí:

prosperidad,

autoestima inflada,

éxito,

“Dios quiere que estés bien ya”.

Es más fácil llenar un templo hablando de bendiciones que hablando de cruz.

2. La salvación confronta al sistema religioso

Cuando se predica salvación genuina:

la dependencia se dirige a Dios, no al líder,

el creyente madura y discierne,

el miedo religioso pierde poder.

Eso debilita estructuras que viven del control espiritual. No todos quieren creyentes libres; muchos prefieren asistentes fieles.

3. Se reemplazó salvación por bienestar

Hoy se predica más:

cómo sentirte mejor,

cómo tener paz emocional,

cómo mejorar tu vida aquí.

Todo eso puede ser bueno, pero no es el centro del evangelio. El evangelio no comienza con “te irá bien”, sino con “estabas perdido”.

Cuando se quita el diagnóstico, la salvación deja de ser necesaria.

4. Hay un cambio cultural profundo

La palabra “salvación” suena:

absoluta,

incómoda,

exclusiva,

confrontativa.

Y la cultura actual evita todo lo que implique verdad objetiva o juicio. Para no chocar con eso, muchas iglesias suavizan el mensaje hasta hacerlo irreconocible.

5. ¿Olvido o intención?

En algunos casos es ignorancia y superficialidad.
En otros, tristemente, sí es a propósito: se sabe que predicar salvación cuesta miembros, diezmos y aprobación social.

La Biblia ya advertía algo muy parecido:

“no soportarán la sana doctrina”,

“se amontonarán maestros conforme a sus deseos”,

“tendrán apariencia de piedad”.

No es que la salvación haya dejado de existir; es que ya no conviene hablar de ella en muchos púlpitos.

Y aquí algo importante:
cuando se pierde el énfasis en la salvación, la fe se vuelve decorativa, no transformadora.

Por eso espiritualmente las personas no son llevadas a la transformación que el ser humano anhela tanto.

Autor: Félix Guerra Velázquez

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